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Rosa Valentina busca un príncipe que no aparece, en formato clown

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Se llama Rosa y también se llama Valentina, maña de raíz, se dedica al teatro en todas sus facetas, pero parece haberse decantado por el clown, de manera que, tal y como comentaba hace unos días con Gema Sánchez, otra intérprete del teatro Clown, parece que este género está teniendo cierto auge en nuestro entorno, que no sé si tratar como resurgimiento o como unas nuevas raíces del mismo en este país.

Y es que se trata de un estilo teatral que aquí casi siempre fue relegado al entorno del circo y en formato de payasos infantiles, por lo que no se comprendía como otra cosa.

Nuevas escuelas que han proliferado entorno a las dos últimas décadas parecen dar ahora sus frutos, con distintas generaciones de clowns y clownas que se sienten orgullos@s de ser payas@s, pero que no salen a escena para limitarse a un tipo y un entorno de trabajo, sino que entran a fondo con todas las consecuencias.

Así es este trabajo de Rosa Valentina Sáez y de Jorge Gregorio (que hace triplete como técnico de luces y sonido y como actor), una pieza de teatro para adultos en el contexto del clown, donde su protagonista cambia (como observo que les ocurre a tod@s) no sólo al subir al escenario, sino al plantarse la nariz colorada de pega en la punta de su apéndice nasal.

La obra tiene los tintes de lo crítico, lo “clásico” y lo divertido, con el espíritu aragonés de la intérprete principal que le proporciona el toque del humor de su tierra. La protagonista tratará en vano de cumplir con la obligación impuesta a todas las chicas: esperar lo más dignamente posible a que llegue el príncipe azul para poder casarse y ser felices. De esta manera, tratará de conseguirlo a toda costa, ya que además, es su cumpleaños y no se ha presentado: y ¡ya está bien de contemplaciones!

Así que se pone manos a la obra y le redacta una carta para enviarla por correo electrónico, pero no se aclara, así que el técnico de luces y sonido tiene que ayudarla. Pero no hay manera, es negada para las tecnologías. Finalmente la enviará por correo aéreo: el avión se estrella. Entre tanto le ocurre de todo y, entre otras cosas, para cumplir con los roles más clásicos, tendrá que demostrar su virginidad calzándose un zapato diminuto, para demostrar que le cabe, y… muy virgen, muy virgen…

En fin que, entre cartas, zapatitos, y la monja del colegio que lleva dentro (Sor María Dolores), que la tiene en un sinvivir, y que la acosa cada vez que dice una inconveniencia, parece que esta chica no va a lograr sus objetivos. O tal vez, al final, no sean sus objetivos y haya otros.

Es divertida, directa, crítica, no se anda por las ramas, tiene una locura muy sana en el cuerpo y, si encima, alguno de los dos actores tiene a alguien conocido/a entre el público, el espectáculo se multiplica por tres. Y además, parece que cada vez cunden más las críticas a los príncipes, sean azules, verdes o amarillos: las mujeres también se hartan.

Para más información: Titania Producciones

Julio Castro - Larepublicacultural.es

 

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