Son algo más de las siete de la tarde y el sol, que lleva un rato escondiéndose entre los edificios de Madrid, deja en la Calle de las Huertas un aroma a siglo de oro, alejado del jaleo y los ruidos de las mañanas y los fines de semana.
Recorro esta calle, desde el Paseo del Prado, pensando en los rincones que regala a veces Madrid, y cómo en éste, donde por cualquier esquina podría aparecer el mismo Capitán Alatriste, es un entorno perfecto para asistir a un encuentro con Arturo Pérez-Reverte.
A las siete y media, la cola que recorre la fachada de la Calle del Príncipe, dobla por el lateral de la Calle de Manuel Fernández y González, y finaliza en la Calle Echegaray. Gente de todas las edades y muchas copias de El asedio en las que algunas bolsas parecen revelar que han sido recién compradas para la ocasión. Pocos autores podrán probablemente presumir de una capacidad de convocatoria semejante. La cola no obstante avanza rápida hasta llegar al Teatro Español, en cuyas butacas nos vamos acomodando hasta llenar el aforo casi al completo.
La botella de fino
Dentro, sobre el escenario, una mesa con dos botellas de agua y sus respectivas copas, una botella de fino con las suyas y dos rosas rojas de tallo largo cruzadas y paralelas al eje longitudinal de la mesa. De fondo, una imagen proyectada nos muestra el libro entreabierto sobre un suelo ajedrezado manchado de sangre y una sombra con capa entrando entre sus hojas.
Comienza el acto con una breve introducción al autor y su obra para, acto seguido, como si de un guión cinematográfico se tratara, el actor Ginés García Millán realice una lectura con un punto de dramatización de cinco pasajes de la novela. A continuación, salen a escena el autor, Arturo Pérez-Reverte, y su entrevistador, Juan Ramón Lucas. Comienza un diálogo, más que entrevista, en un tono cordial y distendido.
La España que se equivocó de dios
El asedio es, además de una novela de intrigas, una reflexión sobre la España que pudo ser y no fue. Una mirada cargada de nostalgia al Cádiz de comienzos del XIX a la ciudad del asedio de las tropas napoleónicas, de las Cortes y la promulgación de La Pepa (la Constitución de 1812). Se trata de una ciudad abierta al mar por donde penetran no sólo mercancías sino el pensamiento más moderno de la época, una ciudad liberal, "europea", en definitiva, en contraste con la situación del resto de ciudades españolas en ese momento. Es, en palabras del propio autor, "la España que muchos hubieran deseado". "España se equivocó de dios", eligiendo uno justiciero oscuro al que había que temer y que nos mantenía "atados" al pasado, en contraposición a los países del norte que optaban por "otro modelo" de dios, uno que valoraba el trabajo que podía premiar y no sólo castigar al hombre.
La ciudad en un tablero de ajedrez
¿Por qué Cádiz? Para Pérez-Reverte, las ciudades suelen tener una lectura distinta a la que habitualmente solemos hacer de ellas de forma que, como contraposición a la ciudad "de día" (la luminosa, la "cívica"), existe una ciudad "de noche" cargada de peligro y miserias. En este sentido, Cádiz, que en el pensamiento colectivo podemos tenerla asociada a una ciudad luminosa, alegre, esa ciudad "de día" resultaba perfecta para ser presentada también como una ciudad con un contraste sórdido. De esta forma, presenta Cádiz como un tablero de ajedrez donde mueve sus personajes y las tramas en las que se ven envueltos, como si de fichas de ese juego se tratasen.
La emboscada
En opinión del autor, "una novela es como una emboscada al lector" al que hay que llevarle por donde se quiere, conseguir que "entre en el juego", que se crea la propuesta del escritor. En este caso, tender esta emboscada se ha convertido en un duro proceso que, durante año y medio, le ha tenido trabajando y documentándose en disciplinas de lo más variado: Botánica, Taxidermia, Química o Física. Además, con El asedio, ha tenido la oportunidad de plantear varias historias, algunas de las cuales por sí solas no habrían llegado probablemente a ser publicadas. Establece el paralelismo entre una novela y la habitación desordenada de un adolescente con la ropa tirada por cualquier lado y los cajones abiertos. Afirma que "escribir me ayuda a ordenar cajones" y cada historia por contar es uno de estos cajones pendientes de ordenar.
Saquear el cuadro respetando el marco
Afirma Arturo Pérez-Reverte, que el auténtico desafío de esta novela está en que pone al lector delante de sus personajes introduciéndoles en su vida y sus circunstancias consiguiendo que el lector, si no simpatizar, sí pueda al menos comprender por qué determinados personajes actúan como lo hacen. En este sentido, El asedio es una novela coral, cargada de personajes y de historias. Se refiere en este caso a Alejandro Dumas para decir que al escribir esta novela ha "respetado el marco y ha saqueado el cuadro" o lo que es lo mismo, sobre trasfondos reales, sobre hechos que sucedieron, ha manipulado a su antojo los personajes para conseguir los propósitos que le guiaban para contar esta historia.
Punto y seguido
"Una novela es una mujer con la que has sido muy feliz pero ahora estás deseando que se vaya con otro". En el caso de El asedio, el autor tiene ya ese deseo. Los últimos tres o cuatro meses de trabajo han sido horrorosos, bajo su punto de vista. Aun así, parece que no consigue olvidarla del todo puesto que se dedica todavía a hacer correcciones sobre el texto que envía para que aparezcan en la segunda edición.
No obstante, hace ya un tiempo que Pérez-Reverte no se reconoce en El asedio; está centrado ya en su nueva novela que será una entrega más de la saga de El Capitán Alatriste.
Juande García – laRepúblicaCultural.es











