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El arte y la furia en Sonic Youth

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"Más una banda de rock, Sonic Youth es un colectivo de artistas", dice Roland Groenenboom, comisario de la exposición Sonic Youth etc.: Sensational Fix

, mientras comienza a recorrer las diferentes habitaciones del Centro de Arte Dos de Mayo de Móstoles, cuyas cuatro plantas están presididas en cada esquina por el ruido de guitarras acopladas y chirriantes, como desafinadas, afiladas. A primera vista está la iconografía fancinera de un grupo que nació en el seno del Nueva York underground de los 80, viejos vinilos, carteles de conciertos, portadas de discos, recortes de prensa, instrumentos, retratos de los componentes del grupo, singles compartidos con otras bandas.

Pero, como decía Groenenboom, para no confundir, esto no es una exposición sobre un grupo de rock, ni para fans, ni nostálgicos: es un gigantesco y complicado cruce de caminos donde se dan lugar el arte y el rock'n'roll, la moda y política, pose y actitud, ruido y música para las masas. Es decir: más que Sonic Youth, quienes se encargan de hablar en este muestra que puede verse hasta el próximo 2 de mayo son otros artistas, como John Cage, Todd Haynes, Raymond Pettibon o Dan Graham, que durante los 30 años de vida del grupo han cruzado sus caminos con los de Thurstone Moore, Kim Gordon, Lee Ranaldo y Steve Shelley.

Los dos últimos estuvieron ayer en Móstoles, en la inauguración de la exposición, donde hicieron una performance con un invitado de honor: Enrique Morente, el flamenco más experimental de nuestro país, con quien ya compartieron una actuación en Valencia hace un par de años. "Es genial cumplir 30 años, haber colaborado con tanta gente y poder ver estos años en una exposición: esto es la historia visual del grupo. Nos han influido muchas manifestaciones culturales. Está todo a la vista", dijo ayer Ranaldo.

La exposición ha pasado ya por otras cinco ciudades antes de desembarcar en Madrid, lo que ha hecho que esté en continua reelaboración. Piezas históricas dejan paso a obras creadas específicamente para la muestra, lo que permite apreciar que esto no es un recorrido histórico: hay pasado pero también mucho presente. Como la banda, la exposición parece estar en contínua mutación. En total, en Móstoles se pueden ver piezas de sus colecciones privadas, prestamos y creaciones ad hocpara la exposición.

 

La historia como no nos la habían contado

Según palabras de Groenenboom, la exposición permite hacer "una relectura de la historia contemporánea que no es la habitual. La historia que vemos ahora, 30 años después, es muy diferente a las que nos contaban entonces. Ahora podemos tener una visión no hegemónica".

El comisario insiste en que la muestra quiere mostrar el territorio fértil que hay entre las artes visuales y la música de mano de un grupo que "ha explorado y cartografiado territorios culturales desconocidos" y ajenos a los propios de una banda de rock.

Precisamente la exposición arranca mostrando parte de la prolífica y atractiva paraphernalia que ha rodeado a Sonic Youth desde sus inicios, en la escena alternativa del downtown neoyorkino a comienzo de los 80, una época en que se daban "muchas colaboraciones entre artistas de diferentes disciplinas, se daban conciertos en galerías de arte y se celebraban exposiciones en apartamentos", según Groenenboom.

Es en la planta baja del CA2M donde puede verse publicaciones con la poesía de Ranaldo y Moore, o los escritos de Kim Gordon. Llegaron a Nueva York a finales de los 70 con formación de artistas plásticos aunque resultó que "para ellos era más fácil tocar", dice Groenenboom.

Junto a este material se encuentran los primeros guiños al arte de una banda irremediablemente arty desde su nacimiento, como es la pieza Karze (Siguiendo a Daydream Natoin), de Sam Crack, una proyección en video de 16 mm. emitida en loop, que se basa en la fotografía homónima de Gerhard Richter que sirvió de carátula para el álbum Daydream Nation (1988).

Más habituales en una exposición de estas características son una selección de guitarras (una de ellas, cedida por el productor Steve Albini), portadas de discos y retratos de sus componentes.

Ruido, poesía e imagen

Pocas bandas pueden permitirse el lujo de estar a punto de cumplir 30 años y no parecer dinosaurios, sin reflejos, sin ilusión. La experimentación ha estado siempre presente en la banda neoyorquina y la mayoría de las piezas expuestas buscan ahondar, de una manera u otra, en la condición multidisciplinar del grupo, como Disgresiones sonoras en siete colores, de Tony Oursler, que ejemplifica los tres pilares fundamentales en los que ha descansado años y años de trabajo del grupo: "La poesía, el cine y el sonido", según el comisario.

Pero es el ruido, feroz, descontrolado, voluminoso, que preside toda la exposición. En la tercera planta llega a ser ensordecedor: a la vez se escuchan grabaciones históricas de conciertos realizadas por Dan Graham ("uno de los artistas más importantes de la escena de Nueva York de los 60 y que dio flujo a la relación entre música e imagen, algo poco habitual entonces", según el comisario), con piezas de noise art y algunas difíciles de clasificar, que persiguen precisamente que el espectador juegue y manipule el sonido.

Es el caso de la sorprendente The club in the shadow. Karaoke inverso, de Kim Gordon y Jutta Koether: un habitáculo cerrado donde descansan bajo, batería y guitarra, mientras la voz grabada de Gordon entona una canción. El espectador debe coger los instrumentos y "así puedes grabar tu canción con Kim. La idea es que te lleves una copia y que otra se sume a la obra", añandiénose a las creadas por otros anteriormente. El visitante se aleja mientras una tormenta de feedback parece quedarse atrapada allí dentro.

También es el caso de la instalación de Christian Marclay Sin título (1987), en la que da hasta algo de pena entrar: consiste en una habitación llena de vinilos desparramados por el suelo, en la que el espectador es invitado a cogerlos y agitarlos para producir algún sonido. "Un mar de vinilos que hay que pisar para sentir cómo es", completa Groenenboom.

Y mención aparte merece también Cuarteto, de Tony Conrad (2008), una columpio montado con un "banquillo del parque" y en el que el espectador puede generar sonidos tocando los cables que cuelgan del techo.

En cualquier caso, y para que el visitante no pueda decir que dejó la exposición sin conocer lo más importante, es decir, la música del grupo, entre las piezas creadas específicamente para la exposición destaca por méritos propios los pabellones hechos por Dan Graham, donde se puede escuchar toda la discografía del grupo, además de grabaciones en vivo y videos poco conocidos de la banda.

Estética y política

En la cuarta planta del centro se puede ver parte del discurso político de un grupo que en los años 80 no dudaba en mirar a los 60. Ahí están títulos de canciones como Teen Age Riot o Youth Against Fascism. El gusto de la banda por los poetas beatniks queda claro en consignas como Poetry is Revolution o Fuck Hate. Aunque quizá la pieza clave en este sentido sea la pancarta antiVietnam de Allen Ginsberg, de la colección personal de Gordon y Moore. También hay piezas de William Burroughs, Ira Cohen, Gregory Corso y hasta de Sun Ra.

La parte final de la exposición está ocupada por algunos de los colaboradores habituales del grupo, como Jim Shaw, Cameron Jamie y Mark Gonzales, que tienden puentes a otras artes transitadas por la banda, como el cómic o el collage. Encargada de cerrar la muestra es Kathy Temin, una artista que ha desarrollado su obra alrededor de la cantante Kyle Minogue y que conecta con el lado más glamouroso del grupo. Para Groenenboom, ningún elemento de Sonic Youth sobresale por encima de otro. "Arte conteptual, noise, vanguardia, política... todo filtrado, casa cosa en su espacio", aclara.

Actividades paralelas

Alrededor de la exposición se ha organizado una serie de actividades paralelas que se extenderán hasta el 2 de mayo. Destacan, claro, la performance que ayer tuvo lugar como inauguración, con Ranaldo, Shelley y Morente, y el próximo concierto que la banda dará en Madrid como despedida el 19 de abril (aunque la exposición se mantiene hasta el 2 de mayo). Ciclos de cine, tallares y conciertos comisionados por la banda cierran el círculo.

Publico.es

 

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