Rocío Montero Amaya es la matriarca de una familia de etnia gitana. Vive en El Vacie (Sevilla), el asentamiento chabolista más antiguo de Europa, con más de 80 años de antigüedad, 250 familias y unas mil personas repartidas entre chabolas y casas prefabricadas.
Un lugar que muchos vecinos de la zona de Pino Montano miran de reojo, y que la Junta de Andalucía promete adecuar desde hace años.
Rocío vive aquí desde hace más de 20 años con Manolo, su marido, en una de las chabolas pegadas al muro del cementerio de San Fernando en Sevilla. Tiene tres hijas y siete hijos, uno de ellos en la cárcel desde hace cuatro años. La mujer de éste, una paya llamada Loli, vive en la chabola continua a la de Rocío y, mientras espera la vuelta de su marido, trabaja como limpiadora en el Pino Montano, el segundo teatro de la compañía Atalaya (Premio Nacional de Teatro 2008), creado hace un año para trabajar la vertiente social del teatro y completar la labor del Territorio de Nuevos Tiempos (TNT), un centro internacional de formación, investigación y creación que funciona en Sevilla desde 1995. Carina, otra de las hijas de Rocío, está a punto de entrar en la cárcel justo cuando su marido salga de ella, si la justicia continúa mirando para otro lado.
En marzo Rocío, Loli, Carina y sus cinco compañeras de reparto representarán en el Teatro Español de Madrid La casa de Bernarda Alba, de Lorca. Es la segunda temporada de la versión que dirige Pepa Gamboa y que continúa representándose en el TNT de Sevilla, con llenos totales y espectadores fieles, muchos de ellos vecinos de El Vacie. “Hemos sacado su verdad, experiencias y cultura y lo hemos mezclado con el texto de Lorca, siempre respetando la obra”, explica Jerónimo Obrador, regidor en la obra.
Este grupo de mujeres no había pisado un teatro y tampoco oído hablar de Federico García Lorca. Por este proyecto Canal Sur les concederá el próximo 10 de febrero el XI premio El Público al artista revelación por la versión de Bernarda Alba de El Vacie. Aunque el mayor premio para ellas es salir de Sevilla, algunas por primera vez, con una gira que las llevará a recorrer todo el Estado, de teatro en teatro, demostrando la dignidad y la fuerza de las mujeres gitanas.
El germen de un taller
El proyecto escénico comenzó con unos talleres de teatro para la integración de sectores marginales y marginados propuestos por la compañía Atalaya nada más llegar al nuevo local del TNT, un espacio en el barrio de Pino Montano cedido por un particular hace más de un año.
El proyecto Imarginario pretendía dotar a las mujeres gitanas de herramientas de comunicación. Después de ver una versión de Divinas palabras de Valle Inclán, las ocho actrices noveles decidieron que querían dedicarse al teatro y convencieron a Ricardo Iniesta, director de Atalaya, quien se puso en contacto con Pepa Gamboa para que dirigiera su propia versión del texto de Lorca.
Para Pepa Gamboa dirigir a mujeres sin alfabetizar que nunca antes habían pisado un teatro ha sido su más gratificante experiencia profesional, “para ellas Bernarda Alba no es una tragedia, ocurre todos los días”, comenta esta directora sevillana, en referencia al encierro social que sufre el colectivo gitano, y sobre todo, las mujeres. “Es el primer trabajo remunerado para todas, con el dinero que ganan pueden mantener a sus familias y ser respetadas. También se han ganado el respeto en el barrio, ahora las saludan en vez de apartarse y les invitan en los bares en los que antes no les dejaban entrar. Lo que es la banalidad humana…”, reflexiona en voz alta Pepa.
Pero al bajar del escenario, después de escuchar a los espectadores aplaudir en pie durante minutos, el grupo vuelve a El Vacie, a sus chabolas y a sus problemas cotidianos. A Loli le gustaría vivir en un piso y no en el poblado. Lo intentó cuando consiguió el trabajo en el TNT, pero el dueño del piso se arrepintió, llaves en mano, al conocer que venía de El Vacie. “Lo ven como un barrio marginal, pero aquí hay gente buena y mala, como en todos los sitios. Deberían mirar por las personas, no por donde venimos”, manifiesta la joven actriz.
Carina se enfrenta a una condena de año y medio de cárcel si no paga la multa que la Administración le ha impuesto por robar unos hierros. El robo fue grabado, sin consentimiento de Carina, para el programa de televisión 21 días, cuya productora declina toda responsabilidad. Su encarcelamiento daría al traste con todo un año de trabajo en el teatro. “La integración de las personas de El Vacie es difícil. Aunque ahora estén mejor vistas, viven en la precariedad y muchas veces se ven abocados al delito”, comenta Ricardo Iniesta, director del proyecto.
A pesar de todo, Atalaya y las actrices están entusiasmadas, felices y orgullosas por el éxito obtenido en el 15º aniversario de esta compañía sevillana. “Nunca pensé que podría llegar a vivir esto. Es un sueño”, afirma Rocío Montero, Bernarda Alba en la obra.
Si la sobrina de Lorca ha definido esta versión como “la más lorquiana que ha visto”, debe de ser porque, como repite Iniesta, “otro teatro es posible”.
Rebeca Mayorga/Diagonalperiodico.net











