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Aprender La lección con humor, desde la razón o desde el absurdo

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Podemos convenir el concepto de absurdo para aplicarlo a Ionesco, como podemos convenirlo para que sea de aplicación, por ejemplo, a los trabajos de Kafka.

Me ocurre, sin embargo, que al igual que reinventar el naif a partir de la copia de la inocencia de la pintura que originalmente pertenece a este género artístico en lo pictórico, percibo una chocante sensación de no ver lo absurdo como genérico y propio del teatro de Ionesco, siempre que entendamos este concepto como lo opuesto a la lógica y a la razón.

No me refiero a un trabajo concreto, pero viendo La lección, su segundo trabajo teatral, la impresión que recibo es la de un autor utilizando herramientas puestas en una secuencia y de una manera tan lógica, que tan sólo conducen a la consecuencia coherente de una idea central que quiere dejar patente sin necesidad de explicitarla.

De esta manera, puesto el camino, el espectador deberá entender que allí donde los trazos no están muy marcados siempre se continúan hasta llegar a la meta. Pero a veces los árboles del camino no nos dejan ver el bosque, así que podemos enredarnos en los juegos de palabras y perder el hilo de la trayectoria, concluyendo que estamos ante una pieza del teatro del absurdo. Bien, convengamos que es así, doctores tiene la iglesia (y lo digo como expresión, no nos liemos ahora también en eso).

En este sentido, creo que el trabajo de Teatro Círculo es muy clarificador desde su puesta en escena, ya que se emplea a fondo con los absurdos de las deducciones, de donde no salen conclusiones ilógicas, sino un esfuerzo por la rectificación para conducir a la meta, la del “maestro”, que desea imponer su verdad por el método que sea. Si es preciso el de la fuerza.

Es un gran símil el de la obra, donde la alumna, ignorante ella ante la gran sabiduría de este supuesto sabio maestro, está dispuesta a equivocarse y reconocerlo, pero su razón le impide ser de otro modo que el de que su mente exprese lo que opina, por erróneo que parezca. Es una imagen del pueblo oprimido por sus dirigentes, que se resiste aunque no tenga la fuerza, y aunque no conozca el valor de su razón o de su sinrazón, porque desea parecerse al maestro, pero sin plegarse a su voluntad.

Hay tres aspectos clave que distinguen este montaje de Pablo Corral, y que consiguen enfocar La lección hacia su visión del autor galo. El primero es el de dar una ambientación que permanece constante durante todo el tiempo, comenzando y finalizando iguales música e iluminación, dentro de un constante de leves variaciones dependiendo del momento. El segundo es el de saber proporcionarle el adecuado peso a las palabras que se acercan a ese estándar que comentaba del concepto de lo absurdo, como las hiciera su autor, pero se travisten de diálogos lógicos que, desde el punto de vista matemático, pueden suponer aseveraciones nada absurdas en el caso de la alumna, aunque excesivamente avanzadas para el clásico profesor anclado en las bases de la ciencia. Por eso no permite en un momento dado, que la alumna camine por esa vía, ya que entra en el campo de la filosofía, como tanto ocurre con la matemática teórica y la física. El tercero, muy relacionado con el primero, es el de crear una escenografía muy elaborada, con un ambiente encajado en lo gótico, quizá transformado en un toque gore hacia el final de la obra, pero profundamente gótico, sin duda, muy de épocas oscurantistas, que es la idiosincrasia de propio autor. O la que se le atribuye, ya que podemos observar que pese a su sentido trágico de la vida, como se le define habitualmente, posee un enorme sentido del humor en la forma de abordarlo, lo que supone un contrapunto que no se observa en otros autores como, pongo por caso,… bueno, no es necesario, tan dados a la tragedia por la tragedia, a la tragedia dentro de la tragedia y a la tragedia que te puedes llevar a casa como no la actualices.

No puedo ni quiero dejar de decir que la ambientación me deja un regusto del teatro y la televisión de los ‘60 y ’70, con aquellos trabajos de Historias para no dormir, en que Chicho Ibáñez utilizaba unos recursos muy teatrales que aproximan los que utiliza el director de esta Lección de Ionesco a ese ambiente puntual y a aquel blanco y negro.

Sea como fuere, absurdo o no, esta no es la discusión principal, sino el reflejo que las actrices Noelia Abenza y Eva García y el actor Pascual Rodrígo, consiguen conferir a la obra bajo la dirección de Pablo Corral, el aspecto de introvertido con poca posibilidad de relacionarse del maestro, con sus constantes sudores, sus miedos, su poca persona que la sirvienta consigue controlar como en un niño pequeño. Pero también la impostura de gran sabia de la alumna, que por provenir de una familia adinerada asume que puede conseguir su “Doctorado Total”, para pasar a convertirse en una leve herramienta del profesor, al que sólo intentará enfrentarse al final, cuando ya no hay remedio. Y por último, el papel de la sirvienta con la dualidad de su voluntad de servicio, pero dominando a su señor en los peores momentos, completa el triángulo que conecta a los dominantes con los dominados.

Añadamos el pequeño detalle de la escenografía, con una discreta zona al fondo, desde donde todo puede ser observado, como en un cristal de espejo, que revela que, en definitiva, los vigilantes están sobre todos y observan cada escena en todo momento.

Julio Castro – laRepúblicaCultural.es
Foto: Julio Castro

 

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